ORIGEN DEL PROBLEMA

ORIGEN DEL PROBLEMA

¿Qué explica la existencia de tantos perros y gatos en la calles? ¿Cuál es la razón de verlos reproducirse y deambular sin rumbo fijo por veredas, avenidas y autopistas? ¿Somos en alguna medida, en nuestra condición de seres humanos, responsables de esta situación? El problema de sobrepoblación de animales en situación de abandono es un tema tan antiguo como complejo.

La necesidad de protección, resguardo y compañía  ha llevado al ser humano a la domesticación y dominio de muchas otras especies, estableciendo con ellas relaciones de dominio no siempre amistosas y que en la mayoría de los casos  expresan algún grado de maltrato en sus muy  diversas formas. Los perros y gatos no han escapado de esta histórica dinámica. Haberse convertido en el denominado “mejor amigo del  hombre” puede tener un rostro amigable como otro de mucha crueldad.

Desde el momento en que generamos un vínculo de dependencia de estos animales hacia nosotros, modificando y perfeccionando sus mecanismos de sobrevivencia,  facilitando su acceso a la alimentación,  decidimos –quizás sin darnos cuenta- incidir directamente en su capacidad de auto regulación propia de cualquier especie en estado salvaje. Desde ese momento podemos asegurar que queda inaugurado un problema de descomunales e insospechadas dimensiones, por sus futuras implicaciones de orden social, ético, sanitario, estético, entre otras.  

La cosificación de los animales, el asumirlos como objetos o bienes transables y de naturaleza descartable, es el sustrato para comprender la comercialización y lucro a partir de su ubicación en los mercados, siendo ésta una práctica que ha acompañado al ser humano desde su más primitiva existencia y que apenas recientemente, en términos históricos, ha empezado a ser cuestionada o puesta en tela de juicio por nuestras sociedades. En este mismo sentido, hallamos la creación por obra del ser humano, de las denominadas razas de perros y gatos y su reproducción deliberada que han generado millones de ejemplares en todo el mundo, hecho que juega y jugará un papel importante en el rompecabezas de  la sobrepoblación y el abandono.

Esta realidad no sólo se expresará en una dimensión abundancia numérica o estadística, también entrará a jugar en el mundo de las aspiraciones y deseos más íntimos de las personas, al introducir en sus gustos la preferencia por específicos animales de compañía, el privilegiar razas determinadas por razones de tipo estético u otras cualidades arbitrariamente impuestas por el ser humano, como la idea de estatus o glamour que pudiera aportar poseer tal o cual perro o gato en particular. Toda esta ecuación explica el porqué de la tradicional discriminación desde los seres humanos hacia los perros y gatos como animales mestizos o criollos, aquellos que no sugieren pertenecer o ser de una raza en particular.

En medio de este devenir, se pasó de aquel primer estadio de domesticación a la extrema humanización de estos animales, queriendo traspasarle desde la racionalidad humana cualidades, sentimientos, emociones  y/o necesidades que como personas experimentamos, sufrimos o padecemos y  que sentimos la necesidad de ver también verlas satisfechas en ellos, nuestros animales de compañía,  aunque sea experiencias estrictamente humanas. Una de ellas es la necesidad de reproducción a partir de la lujuria o el deseo sexual, la voluntad de convertirse en padres o madres y generar descendencia para la plenitud, ver el milagro de la vida. Estas creencias acompañadas de otros mitos de orden clínico que la ciencia veterinaria se encargó de posicionar como verdades incuestionables, han sido el terreno fértil para el nacimiento de millones de crías indeseadas que de forma atropellada son comercializadas o regaladas a familias que impulsivamente decidieron tener una mascota, preparándose poco en las implicaciones de largo plazo que esta responsabilidad supone, por lo que en cuestión de meses estos animales terminan echados a la calle donde constantemente se reproducirán o, en el mejor de los casos, serán trasladados a las escasas y tristes perreras donde les espera una muerte segura.

Esta cadena de acontecimientos da vida a un dantesco escenario creado por el hombre, donde  la situación de los animales vagabundos se ha convertido en un problema de salud pública por sus inmensas proporciones y consecuencias. Ante esta realidad la respuesta de los Estados y gobiernos ha sido históricamente deficiente o muy mal orientada, siendo las organizaciones no gubernamentales y ciudadanos particulares quienes desde la empatía han buscado atenuar esta dramática situación aunque claramente los sobrepasa.

En definitiva, todos somos de alguna forma u otra, con nuestras acciones u omisiones, responsables de la sobrepoblación de animales domésticos aunque nos parezca un problema lejano o de generación espontánea. En consecuencia debemos actuar para revertir esta antigua situación, con respeto y sin crueldad.

Autor: Moisés González, Miembro RAC, junio 2017.

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